martes, 22 de mayo de 2012

Los post perdidos


Esto del blog, a mi modo de ver, requiere dos cosas principales, la primera vivir –vivir llamo a todo lo que haces en el tiempo en el que no trabajas-; y segundo, cierta inmediatez en contar lo que has vivido. Si no lo haces rápido, pierde actualidad, aunque solo sea para el que lo escribe, y el post ya está perdido. Eso es lo que ha pasado durante este mes que no he escrito. Primero he trabajado muchas horas, lo que quiere decir que he vivido menos. Pero aun así, me fuerzo a vivir, y aunque algunos días haya acabado exhausta, lo he conseguido.
Voy a relatar una serie de titulares de lo que he decidido llamar “post perdidos” sobre cosas que me han ocurrido en este mes, y si algún lector se interesa por algo, haré memoria y lo rescataré de mi cabeza. Así podemos hacer el blog un poco interactivo. Empiezo:
-          “La firma de Juan Manuel de Prada el día del libro”
-          “El Hermitage en el Prado”
-          “Los artesanos de Hermès en Madrid”
-          “El showroom de mi amiga María Quijano”
-          “Intocable. La película”
-          “Como por un tubo. La obra de teatro” 
   -        “Por Santander” 
            “Las de Villadiego. Burgos”
       “El Museo Cerralbo”
Bueno, os dejo pensando…

miércoles, 18 de abril de 2012

Vida Low Cost

En Semana Santa volé por primera vez con Ryanair. Mi destino fue Palma de Mallorca y lo que me gustó de esta compañía fueron los horarios, se acoplaban muy bien a lo que yo necesitaba. Por lo demás, el precio tampoco me pareció un chollo, y el low cost se notaba en muchos detalles.


Al principio todo era curioso, y hasta gracioso por la novedad. Mr. Big y yo íbamos muy aleccionados sobre el asunto del equipaje, con la maleta pesada desde casa, y con un solo bulto de mano de las dimensiones adecuadas. Hasta ahí bien. Solo me planteaba una cosa ¿Por qué con 44 años y dos trabajos tengo que viajar en una compañía low cost, cuando la última vez que hice este mismo viaje a Palma de Mallorca, pude pagarme un billete de Iberia, con mi dinero -puesto que mis padres no pagaban viajes para ir a ver a un novio, como es lógico-, teniendo 20 años y algún trabajillo de vez en cuando? Sí ya sé, no existía Ryanair, pero los pasajes de Iberia no alcanzaban precios desorbitados, sino yo no hubiera podido comprarlo con toda seguridad, no tenía un duro.

Pero no iba a amargarme el viaje pensando estas cosas, ya lo analizaría más tarde. De momento al avión y a disfrutar. La cola para subir al avión era larga, como no hay asiento asignado, la gente se espabila para ir cogiendo el lugar que les interese cuanto antes. Bueno, a nosotros nos daba igual, es un viaje corto, qué más da sentarse dónde sea. Para ir adelantando unos empleados de la compañía se paseaban por la cola con una caja de cartón que servía de medida para el equipaje de mano, y lo que no cabía en la caja, ya se sabe: a pagar por ello. A la vuelta creo que varias ensaimadas debieron salir a precio de oro.

Una vez en el aire empezaron las ofertas de productos del día, desde unos cigarrillos que tienen nicotina pero que no echan humo y que se pueden fumar allí mismo en el avión, hasta un “rasca” con premios diversos a los que no presté atención porque no pensaba comprar nada. Mi compañera de asiento, una corpulenta ucraniana, se interesó por los perfumes y mareó muchísimo la perdiz con el azafato que intentó venderle varias cosas en oferta, pero finalmente no hubo manera. Qué ajetreo de viaje, no pararon ni un momento de ofertar cosas. No me extraña nada que los pilotos de Iberia estén en huelga. Ellos mejor que nadie saben lo que se les viene encima.

A la vuelta del viaje volví a plantearme el tema del low cost. Sin duda una vida low cost acarrea trabajos low cost. No tengo ni idea de cómo estarán los sueldos de la tripulación de esta compañía, pero las actuaciones que tienen que representar, ya desprestigian bastante el oficio, o así me lo parece a mí. Está muy bien ahorrar costes y ser eficaces, pero no vale todo, porque a este paso perderemos lo que hemos avanzado y acabaremos trabajando como chinos, y la cosa debería ser al revés: que los chinos acabaran trabajando de forma razonable. Es decir que se trataría de que los que no viven bien, consigan vivir cada vez mejor; pero en ningún caso de que los que viven bien tengan que vivir mal. Con esto quiero decir que los funcionaros, y los que no somos funcionarios, tenemos que tener un descanso a media mañana de 10 o 15 minutos para tomar un cafelito y comentar la noticia del día con el compañero. Que los pilotos de Iberia tienen que conservar su estatus y no acabar siendo unos peleles del low cost. Que los periodistas tenemos que seguir yendo en taxi a las ruedas de prensa porque nuestro tiempo tiene que valer más que el coste de una carrera, y porque los taxistas también tienen derecho a ganar dinero. Que el Rey tiene que seguir yendo a cazar elefantes o conejos, a África o a donde se le ponga en el pie, porque además de ser el Rey tiene 74 años y siendo realistas pocas cacerías le quedan. Que Leticia Ortiz tiene que seguir comprándose todos los modelitos que necesite, de todos los diseñadores que ella crea oportunos, porque para eso va a ser la Reina, y yo no quiero que me represente un espantapájaros, sino una señora como lo es ella. Eso sí, el que robe, sea cuñadísimo o no, que devuelva lo robado y que vaya a la cárcel.

En fin, que como no pongamos remedio acabaremos todos teniendo “una vida de mierda”, empezando por el Rey y terminando por los curritos.

En relación directa o no con el tema que planteo en este post quiero recomendar tres textos, dos de La Vanguardia y otro de El País: Vanguardia 1, Vanguardia 2, El País.

Quizá estos relatos más sesudos que el mío maticen la frivolidad de mi planteamiento en un tema tan serio como es la calidad de vida. Como dice mi querido Mario Vaquerizo: para poder ser frívolo, primero hay que ser inteligente. Y yo añado que la frivolidad le pone a la vida su puntito de sentido del humor, y de paso permite decir todo muy clarito sin ofender.

martes, 3 de abril de 2012

12 de abril del 62


Una amante de los donuts como yo no puede dejar pasar por alto la fecha del 12 abril; ese día se cumplirán cincuenta años de la venta de los primeros donuts en España.
Nunca me interesé demasiado por otros bollos de mi infancia, como el tigretón, el bucanero, o la pantera rosa… Yo siempre fui de donuts. Todavía hoy, casi todas las semanas hay un día, que suele ser los lunes, que me tomo dos para desayunar -para una comedora de donuts, uno no es nada, al menos hay que comer dos-.
Que buen ojo tuvo Alfredo Costafreda cuando hace 50 años, después de un viaje a EEUU, decidió fabricar en España los donuts a la española que había probado por esas tierras. La fórmula de sus donuts es única y tan mítica como la de la Coca-Cola: muchas veces imitada, pero poco conseguida.
Supongo que suelo desayunar donuts los lunes para contrarrestar la dureza del día y del madrugón (cada uno se anima como puede). Mi amiga Charo me dice que esto en un par de años no lo podré hacer más porque me pondré gorda, ya que los años no pasan en balde. No sé, cuando llegue ese momento, porque ya se sabe que siempre todo llega, tendré que pensar en otra forma de animarme, pero de momento, qué bien me sientan.
Debe ser que se me quedó en la cabeza aquello del anuncio: “Para ir al colegio hay algo tan imprescindible como la cartera: los donuts”; o aquella otra campaña publicitaria que decía: ¿Te apetece un día redondo?
Está claro que aunque corran malos tiempos para la publicidad con tanto recorte, en algunos casos ésta marca nuestras vidas; porque sí, los donuts están muy ricos, pero ¿cuántas cosas ricas habrá por ahí a las que les haya fallado el márketing?.

miércoles, 7 de marzo de 2012

No tiene gracia

La foto es de Emma Barnett. La ha publicado en su Twitter
Cuenta la periodista Emma Barnett, que escribe en el diario británico The Telegraph, que estaba ella el fin de semana arreglando su casita "laranlarita", y fíjate por donde, que al recoger del suelo los pantalones de su novio, le da por mirar la etiqueta antes de llevarlos a la lavadora; y qué se encuentra, pues el pastel que se ve en la foto: "o dáselos a tu mujer, es su trabajo".
Yo intento cultivar mucho mi sentido del humor para no amargarme, pero esto no me hace ninguna gracia. Ni siquiera me parece machismo; como diría mi padre, es algo del "género bobo" ¿pero a qué clase de fabricante se le ocurre poner una idiotez así? ¿Qué sentido tiene? ¿A caso miran los hombres las etiquetas? Lo pregunto porque si es una broma para ellos,  no está puesta en el sitio adecuado, lo leerán uno de un ciento, porque lo normal es que  las etiquetas les importen un comino. Así que supongo que es para que lo leamos nosotras y nos partamos de risa.
Solo deseo que esta tontería sirva para que Emma Barnett tenga más lectores, al menos yo no la conocería sino hubiera sido por esta etiqueta impertinente.

lunes, 5 de marzo de 2012

Música y lágrimas

Los lectores de este blog ya conocen mis deficiencias musicales. Mi amiga Nieves para meterse con mi "oído sordo" dice que no distingo a Los Panchos de U2. Por eso el otro día me puse muy contenta cuando acerté con facilidad la adivinanza musical que el profesor Rodríguez Braun le hizo a Carlos Herrera en Onda Cero.
Para los que no escuchen este programa -sin duda algunos estarán en la cama porque es donde se debería estar a esas horas-, el profesor le plantea al locutor una pregunta:
- Hoy se cumple el aniversario del nacimiento de un compositor americano, dígame quién es.
- Pero profesor ¿cómo voy a saberlo? ¡Deme usted una pista!
Entonces el profesor canta, y a veces el locutor también -casi siempre se anima, la verdad-.
Pues bien, el profesor cantó Moonlight Serenade, un gran éxito de Glenn Miller, allá por los años 40.
Aunque aquí aparezca la foto del auténtico Glenn Miller, yo no acabo de reconocerlo, porque para alguien como yo, amante del cine y algo fantasiosa, su rostro es el de James Stewart, por su interpretación de la vida de Miller en la película "Música y Lágrimas", donde se refleja esa época de las grandes orquestas y los bailes con vestidos vaporosos.
En la película Miller muere en un accidente de avión, tal y como suponemos que murió en realidad en el año 1944. Pero como nunca apareció su cadáver es uno de esos personajes que algunos le han dado por vivo durante muchos años más, o muerto en otras circunstancias, como torturado por la Gestapo o en una pelea en un burdel de París. ¡Vaya usted a saber lo qué pasó! Yo me quedo con la versión cinematográfica, que aunque el cine sea ficción, muchas veces se acerca a la realidad.

martes, 14 de febrero de 2012

Mis trabajos

Cuando tenía unos ocho o nueve años, en aquella asignatura que se llamaba pretecnología, nos propusieron -mejor dicho nos mandaron- hacer una cometa. Yo le pedí a mi padre unos palitos de madera para poder hacerla, y él me trajo muchos más de los que necesitaba, así que como en la clase había demanda, decidí venderlos. Creo recordar que esa fue la primera vez que gané dinero. A partir de ahí he tenido los trabajos más variopintos. Desde los 11 años mi madre me pagaba por ponerle los rulos -a ella le parecía una buena peluquera-. También me he ganado mis dineritos cosiendo para sus amigas o conocidas. Como casi todo el mundo de mi época, he cuidado niños, quizá este haya sido el peor trabajo que he tenido, o el que más me ha costado. Otra temporada, mientras estudiaba COU y primero de carrera, fui bibliotecaria del Instituto Conde de Orgaz, con mi amiga Chus. También vendí enciclopedias en cines. También he realizado encuestas para Sigma2. He hecho fascículos de repostería, libros de cocina, informativos en la radio, revistas de coches y escrito sobre los temas más raros.
Por no hablar de los trabajos que me he planteado hacer, y que nunca he hecho, pero que en su momento me parecían rentables, como azafata del AVE, pornochacha, farera; o poner negocios como las cabinas de rayos UVA -cuando a mi me dio por morenearme todos los eneros con este sistema- o un "nails" después de volver de mi primer viaje a Nueva York. ¡Ah!, se me olvidaba, también me interesé por un carromato en el que se asaban patatas y quería ponerlo en algún sitio estratégico. Lo mismo me ocurrió con las máquinas limpiacalzados. Quería comprar una cuantas y colocarlas en hoteles...
Ninguno de estos negocios llegó nunca a puerto por un motivo o por otro. En cambio, desde la semana pasada está funcionando un proyecto en el que me he embarcado con un socio. Es una oleoteca gourmet de La Chinata y está en el número 38 de la calle Ibiza de Madrid.
En realidad he contado todo esto para anunciar que tengo un nuevo blog: oleotecaretiro.
Podéis seguirnos en Twitter, somos @lachinataretiro o en Facebook, oleotecaretiro

lunes, 30 de enero de 2012

“LUGARES QUE NO QUIERO COMPARTIR CON NADIE”


En este blog que tiene como nombre el de un personaje newyorkino por excelencia, Carrie Bradshaw, poco se habla de esta ciudad. Lógico, esta falsa Carry es de Madrid, y a cada uno le toca lo suyo.

La primera vez que fui a Nueva York (solo he ido dos), en los preparativos del viaje me sentía  tanta ansiosa como me parece a mí que debían sentirse mis abuelos, de provincias, cuando venían a Madrid, a la capital. Para mí la capital es Nueva York, la ciudad de las ciudades. Recuerdo bajarme del autobús que nos llevó desde el aeropuerto hasta la calle 42 e ir atravesando manzanas, con la maleta arrastras hasta la 28 donde estaba nuestro hotel, con cara de boba mirándolo todo y, sin embargo, con la sensación de estar en casa. Algo que no he sentido en ninguna otra ciudad. Era un sábado por la tarde del mes de octubre y curiosamente no había mucha gente por la calle a esa hora, sobre las cinco. Hacía un día soleado y lo primero que me sorprendió fue la cantidad de luz que entraba a pesar de estar rodeada de rascacielos. Todo era una novedad antigua, como ya vivida. Supongo que el cine hace estas cosas, sentirte en casa en un lugar en el que nunca has estado. No llevábamos ni doscientos metros caminando cuando una señorita nos indicó que cambiáramos de recorrido porque el que estábamos haciendo lo cortaba el rodaje de una película. Nos pareció tan normal. Sin embargo cosas que aquí me pueden parecer normales, allí me resultaron chocantes, como cuando una noche salí a cenar y me puse las mejores galas que llevaba en la maleta, que desde luego no eran muchas, y las chicas me miraban de arriba abajo como si estuviera en el Paseo del Espolón de Burgos. Extraño. También me pareció curioso cuando Mr. Big, que es un hombre cariñoso, me dio un beso espontáneo en la mejilla, mientras esperábamos a que se abriera un semáforo, y una señora mayor me dedicó una amplia sonrisa como de aprobación, interpreté yo. Son cosas que se me han quedado en el recuerdo de este viaje. Ahora acabo de leer el libro de Elvira Lindo “Lugares que no quiero compartir con nadie” y me han entrado ganas de volver. Ir con un plan establecido de locales que visitar. Son muchos los restaurantes y bares de los que habla, pero yo elegiría aquellos con los que más me he identificado mientras leía las historias de su vida allí, porque ella es la mejor cronista de la vida que conozco. Mientras leía este libro me preguntaba si después de escribir algunas historias personales se olvidaría de que las ha contado así en público, como me pasa a mí cuando las cuento en este blog. A veces me sorprende cuando alguien hace referencia a algo sobre lo que he escrito e incluso me pregunto ¿cómo lo sabrá? ¡Qué tontería… si lo he contado yo!

Iría por ejemplo al bar del hotel Carlyle, a tomar lo que ella recomienda y que me parece perfecto: un Martini y un sándwich club. Quizá como a ella, me parezca el bar más especial en el que he estado en mi vida. Y no por comer y beber algo como esto, sino por esos murales que adornan el salón, y cuando me haya cansado de contemplarlos y analizarlos, me dedicaré a contemplar y analizar al público que haya en ese bar tan especial. Estoy segura de que me espera una tarde maravillosa.

Otro día iré al misterioso restaurante Keen’s donde tomaré, además de la comida que me apetezca, un vino de Long Island, que según Lindo no está nada mal, y yo me fío.

Por supuesto no me marcharé sin comer en el restaurante Gramercy Tavern. Tengo que ver esos arreglos florales tan espectaculares de los que habla la escritora.

En realidad creo que hay más motivos para leer este libro que ir de cencerreo. Por supuesto es una guía para la gente para los que, como ella, mi Mr. Big, o yo misma, los restaurantes son “una de las actividades culturales” con las que más disfrutamos; pero también  hay que leerlo porque está escrito por una persona sensible, zascandil –lo dice ella, no lo digo yo-, apasionada y que sabe reírse de sí misma, virtudes que consiguen hacer de esta lectura un rato buenísimo.

viernes, 20 de enero de 2012

Enamoramientos

Esta semana me he enamorado de dos hombres. Los dos tienen algo en común. Ambos son genios. Y no es discutible, ni tampoco es una conclusión fruto de mi enamoramiento. Su genialidad está demostrada. Uno es músico, el otro escritor.

Empezaré por el músico porque ha sido el último en llegar. Le vi y le escuché en la Fundación Juan March el jueves por la noche. También conocí ahí al escritor, aunque otro día y hace más tiempo. Empiezo a pensar que no puedo salir de ese sitio sin haberme enamorado.

El músico tiene 25 años más que yo, pero esto no tiene importancia en los amores platónicos. Curiosamente no me ha enamorado su arte. Soy una absoluta palurda musicalmente hablando. Él habla y habla de Mahler, Bruckner…, tan familiares para él y completamente ajenos a mí, sin sensibilidad alguna para apreciar su talento. Es un genio, y él lo sabe, pero su mayor virtud ante mis ojos es ser normal, sin los aspavientos atribuidos a los que son especiales. Cuando le hablan de que fue un niño prodigio, dice "ciertamente se puede decir que fui un niño prodigio, la prueba está en que el prodigio se fue y el niño sigue aquí". Me gusta que no mire hacia atrás, solo hacia adelante: "Si miras para atrás puedes tropezarte"; y sobre todo aprecio que diga "lo voy a contar como fue en realidad" porque cuenta las cosas como son, claramente, sin adornar, tajante pero con sentido del humor, como a mi gusta. 
Quisiera experimentar las maravillas que dice que produce la música. Cuenta que si llegas a casa después de un mal día, pones los pies encima de la mesa, te preparas un whisky y escuchas a Beethoven, por ejemplo, te olvidas de todo. A mí me podría hacer olvidar la bebida, eso casi seguro, pero la música... Tengo el oído endurecido como una piedra, aunque él parece darle más importancia al alma, y sin duda la mía es la de un zoquete sin música. Pero de lo que más orgulloso está él es de ser el único ciudadano del mundo que es a la vez israelí y palestino. Sí, mi enamorado es Daniel Barenboim, un hombre con suerte porque además de tener un don incuestionable para la música, es inteligente, carismático, culto, gran conversador y muy entretenido. Una hora con él es inolvidable.

El otro, el escritor, es más joven que yo, aunque solo un poco; pero eso tampoco importa en los amores platónicos.Este enamoramiento ha sido más lento que el de Barenboim, y este sí que se debe a su arte. Leyendo lo que él escribe, sí puedo olvidarme de todo. Esta semana he leído un artículo suyo, que escribió hace unos meses, y que ha hecho revivir mi pasión con su temblor. Si pincháis aquí, sabréis de lo que hablo.

Sí, el escritor es Juan Manuel de Prada, con él no puede haber término medio, o lo amas o lo odias. Yo he decidido hacer lo primero. No escucho lo que dice, no miro lo que hace, solo leo lo que escribe. Todo lo contrario que con Barenboim, con el que no me siento capacitada para valorar lo que hace, solo lo que dice y cómo lo dice.

Ahora quiero dejar una cosa muy clara: ningún genio puede hacerle sombra a mi Mr. Big, él es el  "mejor". Por eso este post se lo dedico a él, a ese Sr. de Burgos que comprende mis enamoramientos y hasta los comparte si cabe, aunque no con tanto entusiasmo. Somos diferentes.

NOTA: La foto de Mr. Big no está aquí puesta porque según palabras suyas "lleva fatal tener una vida pública en este blog". Así que tendréis que confiar en mí si os digo que entre sus atractivos están el ser bastante guapo y regularmente joven.

lunes, 9 de enero de 2012

La dama de hierro


Puede parecer un tópico, pero la vida de las mujeres no es fácil, o sino que se lo pregunten a las que viven en el tercer mundo. Aquí, más o menos nos vamos defendiendo. Pero desenvolverte en un mundo de hombres como le ocurrió a Margaret Thatcher en su etapa de Primera Ministra del Reino Unido, y nunca mejor dicho porque realmente fue la primera mujer, y de momento la única, en desempeñar este cargo en su país, complica más las cosas, en este primer mundo nuestro. Si a esto se une el tener que tomar decisiones difíciles y nada populares, a los sindicatos a la gresca, al pueblo en la calle manifestándose y al IRA bombardeando cada dos por tres, tienes que acabar siendo la dama de hierro o mueres con seguridad.
No voy a contar nada de la película porque merece la pena verla, solo avisar de que hay que estar preparado en todo momento para los bombazos del IRA porque como os pillen por sorpresa como a mí, tendrán que despegaros del techo del cine. Los sustos son monumentales.
Es imposible saber hasta qué punto son verdaderos los detalles íntimos de la vida privada de la señora Thatcher que se reflejan en la película, pero sea como sea, el Sr. Thatcher es un personaje encantador y a mi entender justo el tipo de hombre que le pega a ella, con sentido del humor, muy pendiente de su señora, pero sin que se note demasiado, y de los que aguantan carros y carretas. Es justo reconocer el valor de los hombres que están detrás de mujeres con el perfil de Margaret, mujeres concienzudas, rectas, con objetivos claros y una vocación de servicio que te aparta del hogar quieras o no, porque así es como debe ser en estos casos, primero los demás y después los tuyos.
La película puede tener todas las críticas políticas que quieran los políticos, pero como mujer me parece loable el papel de “la Thatcher”, acertaría con algunas decisiones y erraría en otras, pero igual que un hombre, solo que en ese caso no hubiera habido lugar para tanta crítica. He leído por ahí que no hizo ningún favor a las mujeres porque siempre estaba rodeada de hombres. Ni que fuera tan fácil encontrar a mujeres para esos puestos. No todas están dispuestas a tanta pelea, y ni falta que hace, lo importante es que cada una pueda elegir sin ser criticada.
Mi amigo Pedrito dice que por estadística el mundo será de las mujeres porque somos más en la universidad, en las empresas y en la vida en general. Yo espero que no sea por estadística, sino porque nos lo merecemos. Lo que espero también es que no caigamos en los mismos errores que los hombres y seamos más de lo mismo con distinto género.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Chita era Chito

Hasta el día de su muerte creí que la compañera de Tarzán -Chita no Jane- era una mona, pero resulta que no, que fue mono. Me enteré de la noticia viendo un reportaje de los que hace Carlos del Amor  y que tanto me gustan, aunque confieso que a ratos, por algunos detalles que se dieron pensé, que al ser el día de los inocentes, quizá la historia era un "cuento chino". Digo a ratos porque mi primera impresión fue: "pobre animalico, tan inocente que hasta se muere el día de los inocentes". Después cuando contó que Chita había muerto con 80 años de edad, siendo la esperanza de vida de los de su especie de 40; que hacía poco que había dejado de tomar el whisky de la tarde, o de fumar algún que otro puro; o que pasó sus últimos años en una residencia de Florida, como si de un anciano americano se tratara, ya empecé a dudar de la veracidad de la noticia. Pero desde luego como broma no tenía gracia. Se trataba de Chita, esa mascota de la infancia que te acompañaba mientras duraba la película, pero que después no daba guerra ni requería cuidados. Es decir uno de los animales que les gustan a los que, como a mí, no les gustan los animales, quizá porque les tenemos miedo.
Pero no. Es todo verdad, y es que Chita no era gente corriente, quiero decir primate corriente. Según parece nació en Liberia en 1932 y con muy poco tiempo la trasladaron a EEUU -perdón lo trasladaron, se me olvida que no era chica-, donde quiero pensar que vivió el sueño americano.
Yo que soy más de ciudad, que de campo, creo que ganó con la emigración, sino a las pruebas me remito, ha vivido el doble que sus congéneres y a cuerpo de rey, sin tener que jugarse la vida para conseguir una banana que llevarse a la boca. Hollywood nunca le dio un Oscar por sus películas, pero en España sí que supimos apreciar su arte, no en vano el festival de cine de Peñíscola le otorgó el Premio Calabuch en 2006, por sus méritos artísticos.
Supongo que ahora ya está en el cielo cogida de la mano de Tarzán rodando una película eterna.

martes, 13 de diciembre de 2011

Tiendas de Madrid

Tienda de Abercrombie&Ficht de Madrid
En Madrid solemos decir que estamos acostumbrados a hacer colas para todo, para comprar la lotería, para ir al cine, al teatro, a una exposición, a un sitio de moda, o a una tienda como la de Abercrombie&Fitch en la Plaza del Marqués de Salamanca de Madrid. En este caso creo que la cola forma parte de la estrategia de márketing de la tienda. Hace poco más de un mes que abrió sus puertas, ubicada en un palacete del barrio de Salamanca, y desde el día de apertura hay una cola que da vuelta al edificio para poder entrar. Yo había pasado por allí varias veces, pero me resistía a guardar la cola. Sin intención de comprar, me daba pereza, pero también curiosidad por la decoración, el ambiente y la comparación con las tiendas de Nueva York y San Francisco en las que he estado y e incluso comprado.
La semana pasada que estaba de vacaciones, decidí abandonar la pereza y me planté allí con mi amiga Nieves a las 11 de la mañana. Llegamos las dos tan contentas porque no había cola, y al entrar por esa enorme puerta de palacio de otro siglo nos dice uno de los trabajadores de la tienda, elegido por guapetón, como todos allí:
- ¡Chicas! ¡Chicas! contra la pared que hay que hacer cola. Es por vuestra comodidad, el local está muy lleno en este momento y hay que esperar a que se desaloje un poquito.

En principio, en mi interior, le agradecí lo de chicas, porque Nieves tiene diez años menos que yo,  pero para mí ese hombretón era como un hijo bien criadito.

En fin, que allí estábamos las dos, las primeras de la fila contra la pared. Nuestro efebo miraba de vez en cuando la hora en el móvil, por lo que dedujimos que tienen unos tiempos estipulados de cola. Eso de que haya siempre gente en la puerta esperando debe vender supongo.

Después de más de 20 minutos de espera, nos dieron pase y nos ofrecieron sacarnos una foto con otro efebo descamisado, sí, a pecho descubierto pero con una trenca abierta. No sé si la foto habrá que pagarla o te la regalan porque nosotras tuvimos una reacción más bien de desprecio. No es que el chico no tuviera un aspecto estupendo porque lo tenía, pero estábamos a cinco grados y la escena más que erótica era grotesca. Serán cosas de la edad. Seguro que con 15 años la foto me hubiera parecido una idea bastante buena.

La tienda por dentro es bonita. Hubiera sido difícil hacerla fea con esa estructura. Tiene tres plantas. En la primera hay chimenea y una salida al jardín por donde entra un poco de luz para poder ver la ropa porque esa tienda se caracteriza por su oscuridad, por su perfume y por la música a todo volumen. Las paredes están decoradas con frescos de "efebos-pelotaris" muy sugerentes. En cuanto al personal y los precios sale perdiendo en la comparación con las de Estados Unidos que conozco. Los precios son caros y el personal menos amable. Allí sonríen más y te pelotean más.

Tienda de ADOLFO DOMÍNGUEZ
Salimos sin compras, como esperábamos, y nos dirigimos a otra tienda con menos márketing pero con más categoría para mi gusto. Me refiero a la de ADOLFO DOMÍNGUEZ que está en Serrano, 5. Este edificio por fuera no es especialmente llamativo, pero por dentro la madera, el ladrillo visto, las luces, la disposición de la escalera, y la decoración en general hacen que sea una de las tiendas más bonitas de Madrid. En la última planta hay una "cafetería hogareña" en la que se puede hacer una comida frugal muy agradable o simplemente tomar un café o un vino.
Vamos que me da hasta pena que no tenga cola en la puerta.


sábado, 10 de diciembre de 2011

Luzi Bombón


Después de pasar unos días de austeridad en el Pirineo mis sentidos dieron un giro radical al entrar a cenar en Luzi Bombón. Es otro restaurante del Grupo Tragaluz (el mismo al que pertenece El Tomate) que está en el número 35 del Paseo de la Castellana de Madrid.
Lo primero que me sorprendió fue la entrada. Se entra por la calle Rafael Calvo por una puerta de lamas de madera oculta en una pared igual que la puerta, y un rótulo pequeñito y luminoso que dice LUZI BOMBÓN. Una vez dentro me vi como en un restaurante de Manhattan, pero con grandes ventanales que dan a la Castellana, diferentes alturas, una cocina semivista, una barra cuadrada de madera en el centro y muchos camareros, chicos y chicas, ataviados con chaquetilla blanca. Como nuestra mesa no estaba libre cuando llegamos -ni que decir tiene que fui con Mr. Big- tomamos un aperitivo en la barra mientras contemplábamos el panorama, que daba mucho de sí. El público que había era como el de todos los sitios de moda, gente muy arreglada con distintos estilos y chicas muy siliconadas. Y la música de fondo agradable. Ya repuestos del primer impacto que produce tanto diseño, nos sentamos en nuestra mesa y nos dejamos aconsejar por nuestro camarero peruano que naturalmente se inclina por el cebiche de pez limón, aunque como la cabra siempre tira al monte, también tomamos unas anchoas del Cantábrico. Después, arroz negro con chipirones y alcachofas, una de las especialidades de la casa, y la verdad es que para ser tal, no estaba exquisito, los he comido mejores.
Para disfrutar de sitios como este lo fundamental es la compañía, y aunque Mr. Big es la mejor que se pueda tener, mucho más si invita como era el caso, es un sitio al que me gustaría volver con mujeres, porque seguro que con ellas le sacaría más partido. Creo que también puede ser un lugar perfecto para comer, no es de esos sitios que pega más para cenar que para comer, creo que este admite bien cualquier hora del día. Ahora, lo difícil es encontrar mesa. De momento no creo que tengan ningún hueco en todo el mes de diciembre.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La importancia de la estética


Llevo al menos más de dos meses dándole vueltas a este tema "la importancia de la estética". Todo empezó a primeros de octubre, durante un viaje de ocio que hice con Mr. Big a Budapest, una ciudad arquitectónicamente impresionante -véase su Parlamento, por ejemplo-, culturalmente interesante, y más este año que se celebra el bicentenario del compositor húngaro Franz Liszt, y con potencial gastronómico (el lector de este blog ya sabe que me gusta mucho comer y beber). Precisamente por todo esto me sorprendió su estética en la calle. Desde el primer día me parecía que los escaparates de las tiendas eran feos y el aspecto de la gente muy descuidado, digamos que se respiraba como desgana en el atuendo, falta de creatividad. Lo que estoy contando se puede ver en la foto. Me explicaré un poco, porque dicho así, suena algo frívolo, y para ello voy a utilizar una frase que leí en una revista de moda, en una entrevista a Helen Mirren "La moda y el estilo de cada cual forman parte de la condición humana. Es tribal, social e íntimo. No creo que se trate de algo superficial, sino muy profundo".

Estoy de acuerdo, el estilo de cada cual es algo muy personal, y lo que a mí me parece bonito, a otro le puede parecer feo, pero desde luego nuestro aspecto nos clasifica y nos etiqueta, e incluso puede dificultar la integración en determinados ambientes. Adoptar algunas estéticas, a mí hasta puede llegar a entristecerme.

He pasado unos días en el pirineo aragonés visitando a mi hermano que vive allí de la forma más opuesta a como vivo yo. Hablando de nuestras vidas, yo le digo que es como comparar Decathlon con Carolina Herrera. Es una forma de ponernos en situación, ya que ni él compra ropa en Decathlon, sencillamente porque no compra a no ser que sea estrictamente necesario; ni yo en Carolina Herrera, en mi caso porque no me llega el presupuesto. Yo le digo que una de las cosas que más me afectaría a mí, de vivir como vive él, es adoptar esa estética del pirineo. Me provocaría tristeza llevar siempre el mismo tipo de ropa, con lo bien que lo paso yo con mis estilismos.

De todas formas, su forma de vida es extrema, su casa ecológica, como la llamo yo porque funciona con energías renovables (solar fotovoltaica y biomasa) está en un pueblo abandonado cuyos únicos habitantes son él, su mujer, sus dos preciosas niñas -las más encantadoras que conozco-, tres perros y dos gatos. Su vida es ideal para él, y no es lo que él cuente, es lo que veo yo. Su trabajo le encanta, es maestro rural -como a él le gusta denominarse-, su mujer es de su gremio -logopeda-, es decir trabajan en el mismo entorno, y sus niñas están felices, los árboles las traen regalos que les van dosificando sus padres y que ellas encuentran con una ilusión que no tienen parangón. Tienen 4 y casi 6 años, y las dos cantan a dúo, y bastante bien por cierto, "Tengo el corazón contento, tengo el corazón contento, lleno de alegría". Esta estampa bucólica ni me la invento, ni la exagero, es así, aunque a mí me horrorice esa vida.

En los días que he pasado allí, mis preocupaciones han sido si me encontraría un lagarto en mi bota, o si un oso merodearía por los alrededores de la casa mientras dormíamos. En cambio a ellos les preocupa que algún medio de comunicación se entere de que están allí y vayan a hacerles un reportaje. Por eso, antes de que lo cuenten otros, ya lo he contado yo.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Simplemente María

El título suena a culebrón radiofónico, pero no van a ir por ahí los tiros. El tema es los nombres compuestos. Mi Mr. Big, que tiene un nombre compuesto y que sus padres nunca utilizaron a la hora de llamarle porque siempre tuvo un diminutivo para tal fin, cuenta que cuando empezó a ir al colegio y pasaban lista, al decir su nombre completo le costaba identificarse y durante unos instantes pensaba ¿quién es ese? y acto seguido reaccionaba ¡sí soy yo! Esta anécdota aquí puede parecer una tontería porque es de esas cosas que se cuentan en momentos "Gin Tonic", pero la verdad es que los nombres compuestos, a los que los sufrimos, nos traen de cabeza durante toda la existencia. Tienes que estar muy alerta para responder a tanta variedad.
Es cierto que todos atendemos a varios nombres porque en la intimidad de cada cual siempre hay algún diminutivo o algún nombre cariñoso que sustituye al verdadero. Pero ya cuando tienes dos, la cosa se complica, y cuando uno de ellos es de mujer y otro de hombre, como me dijo una vez un ruso que daba clases de inglés conmigo, se forma el lío padre. Mi nombre de pila es María José, y cuando me presentan a alguien me identifico como tal, pero da igual lo que yo diga, porque cada uno me llama como le da la gana. La lista de nombres a la que he tenido que responder desde que tengo uso de razón es infinita, y lo más curioso es que sigue creciendo: Marijose, Pepi, Pepa, Maripepi, Josefa, Yosefin, Emejota, Mariyou, Meriyou, Meri, Mari, Jose, Yose, Yosebe, Mayós, Mariajo... Y podría seguir. Mr. Big, mis padres, mis hermanos y mis sobrinos, hace tiempo que eliminaron el José -incluso mis sobrinos ni siquiera conocen su existencia-, y me quedé simplemente María; pero para mí no es tan fácil librarme de José, siempre lo llevaré a rastras o sobre las espaldas.
Mis suegros me llaman Marijose, supongo que por la misma razón que a su hija la llaman Maritere, y yo la llamo Teresa, porque para mí Maritere es esa a la que un mal día pilló el toro y le metió el cuerno por el chirimbolo, aunque no haya tenido el gusto de conocerla.
En fin, que esto de los nombres compuestos me parece un error de base, porque el que te bautiza se olvida de ello, pero el que lo lleva puesto no puede, porque no le dejan. Ya me gustaría a mí llamarme simplemente María, o mejor aún, María de Arce, que es el apellido de Mr. Big y le sienta fenomenal a María.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Juanito, Miró, Barcelona


Empiezo un viernes cualquiera de trabajo, pero no de una forma cualquiera. No estoy en Madrid, estoy en Barcelona. Así que todo es diferente. Quedo con mis compañeros catalanes Eugenio y Aristóteles a las 8.30 h. para ir a desayunar al Mercat de la Boquería. Toda una experiencia la verdad. Damos una vuelta por los coloridos puestos, y sin más, nos sentamos en el Bar Pinotxo. Aris me presenta a Juanito, el dueño del Pinotxo, sí el de la foto, y pedimos. Mi padre siempre me dijo: "Donde quiera que fueres haz lo que vieres" y yo muy obediente, me dejo llevar por Aris. Lo del Pinotxo no es un desayuno corriente, es potente. Aris se pide una capipota (un guiso de cabeza de cerdo). Yo no me atrevo a tanto, pero lo pruebo claro. Riquísimo. Eugenio se decide por un platazo de judías blancas con chipirones. Venga yo también. Y pregunto:
- Bueno ¿con esto qué se bebe?.
Pues vamos a hacerlo bien.
- Tres copas de cava Juanito.
Pues sí, ahí estoy yo, desayunando un guiso con cava. Soy de buen comer así que hasta el final. Juanito, al que yo llamo Juan por falta de confianza, me cuenta que hace unos días estuvo allí Gallardón. El hace unos días fue hace más de un año, lo sé por la fecha del recorte de El País que me enseña con la foto de Gallardón sentado en la barra como yo. Pero es que Juanito tiene mucho márketing y muchos años. Me despido con un beso al aire, como hace él (hay que tener en cuenta que yo había desayunado con cava) y me dice "Nena, cuando vayas a Madrid, di que soy tu hombre". Dicho está Juanito.
Después de trabajar un ratillo, ya se sabe que no todo puede ser fiesta, hago mi vida sola por Barcelona y dirijo mis pasos a la Fundación Miró. No podía perderme la exposición "La escalera de la evasión", la mayor retrospectiva de este pintor que se ha expuesto en España. Algunos cuadros me gustan mucho, como por ejemplo "Naturaleza muerta del zapato viejo" o la pintura-poema "Una estrella acaricia el pecho de una negra". Sin embargo, con otras obras suyas siento como si el artista me tomara el pelo. Me explico, igual que el que tiene poder puede cometer abuso de poder en determinadas circunstancias; el que tiene arte, como él, a veces comete abuso de arte. Es lo que siento al contemplar los cuadros "Pintura sobre fondo blanco para la celda de un solitario I, II y III". Son tres lienzos blancos enormes con una raya negra que los atraviesa. De acuerdo, la raya no está hecha de un solo trazo, sino con pinceladas sueltas que se unen; pero no deja de ser una línea. A propósito de esta obra él dice: "Para mí, conquistar la libertad es conquistar la sencillez. Entonces, al final, con una línea, con un color basta para hacer un cuadro". ¡Qué le vamos a hacer, yo no pienso lo mismo! A mí no me basta, pero me marcho muy satisfecha de la exposición, ha merecido la pena.

Salgo de allí y cojo el funicular para bajar del Montjuic al Paral.lel, camino hacia el puerto guiada por la enorme estatua de Colón, y encuentro unas terrazas que me recuerdan al Sea Port de Manhattan, así que me siento allí a tomar algo, como una guiri. He de confesar que Barcelona no es una ciudad en la que me mueva como pez en el agua, no la conozco demasiado bien, y me siento un poco extranjera, y no lo digo con acritud ni resquemor fruto de la rivalidad Madrid-Barcelona, simplemente creo que somos diferentes. De todas formas si un italiano de Milán y un italiano de Palermo, no tienen nada que ver y hablan el mismo idioma ¿porqué íbamos a parecernos nosotros que ni siquiera hablamos la misma lengua? Termino mis tapas y mi cervecita, me clavan 22 euros, pero me voy tan contenta porque los mejillones estaban ricos, hace un sol increíble, he tenido una vista maravillosa del mar y los barcos y un ambientazo de gente "guapa".
Ha llegado la hora, tengo que volver al aeropuerto. Como tengo mucha suerte me toca el taxista más interesante de Barcelona. Tiene un vehículo de siete plazas, así que le digo que voy sola, y que quizá sea mucho taxi para mí, que a lo mejor prefiere llevar a un grupo. Con cierta guasa andaluza me dice:
- Yo lo que prefiero es llevarla a usted ¿es que no le gusto yo? porque más guapo no lo va a encontrar, y a mí usted me ha gustado nada más verla.
Claro después de este discurso, me meto en el taxi ¡qué voy a hacer!
Por el camino me cuenta que tiene 64 años, natural de Jerez de la Frontera, aunque su familia es de toda la vida de San Fernando. Él no ha sido siempre taxista, es un hombre de mundo. Hijo de guardia civil, entró en el cuerpo por complacer a su padre, pero duró dos meses. Dejó el tricornio y se fue a Rota, con los americanos, se hizo mecánico de aviones y se fue a vivir a Seatle donde aprendió inglés. Doy fe de que hablaba un inglés fluido porque me relató en ese idioma una amplia conversación que acababa de tener con unos clientes de Arizona a los que haría un tour por Barcelona al día siguiente.
Después de unos años en América, le trasladaron a Alemania, donde conoció a su mujer, la alemana, como la llama él. Así que también aprendió alemán. De ahí se fue a Francia y aprendió francés, y de ahí a Sicilia, donde aprendió italiano. Ahora tiene dos hijas, tres nietos, su alemana, una casa en Tarragona y una barca mallorquina que se acaba de comprar y que está siendo la alegría de sus ratos libres. Sale a pescar con sus nietos que han aprendido como yo, con sus explicaciones, las mejores técnicas para la pesca del pulpo. Las técnicas no las contaré aquí para no alargar más este relato, para no desvelar secretos, y porque además no son muy legales, aunque él no tiene ningún problema. Si es necesario, saca su carné de guardia civil, que conserva de aquellos dos meses que estuvo en el cuerpo, y todo solucionado. Bueno, yo he llegado al puente aéreo y me despido de Barcelona y de vosotros hasta el próximo post.

NOTA: Me han preguntado si la foto de Juanito es actual, y sí, lo es, se la hice yo con mi teléfono.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Lecturas de fin de semana


Mis lecturas favoritas de fin de semana son dos. La columna de Bárbara Alpuente en Yo Dona el sábado, y la de Elvira Lindo en El País del domingo. La de Alpuente de ayer habla del hombre perfecto, y la de Lindo de hoy de sus sitios preferidos en Nueva York como preludio del libro que sale a la venta el próximo sábado y que se titula "Lugares que no quiero compartir con nadie" -será lectura obligada para mí como fiel seguidora de la autora y de la ciudad-. Ella tiene la facultad de contagiar entusiasmo en sus descripciones y que yo quiera visitar esos bares de los que habla y pasear por el Riverside Park como ella. Elvira pasea con Lolita, su perra. Yo prefiero ir con Mr. Big, me entretiene más. Esta mañana los dos hemos paseado por la Cancelleria Consolare dell'Ambasiata d'Italia en Madrid, porque Madrid, como Manhattan, ofrece todo tipo de posibilidades, y en estas fechas se organizan mercadillos en los sitios más diversos de la ciudad, y el del Consulado de Italia ha sido uno de ellos. Solo por entrar en el Palacio del Conde de Santa Coloma, ya ha merecido la pena. La entrada costaba tres euros que supongo destinan a alguna actividad humanitaria, que es el fin de estos mercadillos. La primera planta estaba dedicada a la alimentación: quesos, embutidos, vinos, pastas, dulces, pan... todo muy italiano como es lógico. Nosotros hemos comprado pan de focaccia -riquísimo por cierto-. En la segunda planta ropa, bisutería y joyería con un punto artesanal como a mí me gusta. Los precios no eran baratos, pero claro el mercadillo era italiano, no chino. Para completar la visita había hablilitada una zona como bar, donde podías tomarte el aperitivo a la italiana, e incluso comer. Ha sido como una excursión a Italia en toda regla, así, el domingo por la mañana y sin salir de Madrid. El domingo pasado la excursión la hicimos a Rusia a través de la exposición de Aleksandr Deineka en la Fundación Juan March y que desde mi ignorancia recomiendo, simplemente porque me gustó.
Sí lo sé, no he dicho todavía nada sobre el hombre perfecto de Bárbara Alpuente, pero es que ese es tema de otro post. Todo llegará.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Bendita Suiza

Conozco Suiza de paso, de vacaciones. Ciudades como Lucerna, Berna, Ginebra son bonitas, pero nunca he pasado en ellas más de dos días, así que no sé cómo se vive allí. A los españoles que viven en Suiza les he oído quejarse de la rigidez de este pueblo y de las estrictas normas vecinales: prohibido tirar de la cadena durante la noche, prohibido perros que ladran, prohibido niños que lloran... prohibido y más prohibido en todos los idiomas que allí hablan: verboten, interdites, proibito...

Yo siempre he vivido en Madrid, en bloques de vecinos, en barrios normales y peores. El de ahora es normal tirando a mejor, pero en cuestión de ruido vecinal es el peor. Es un bloque en el que se mueve mucho la gente, y en los siete u ocho años que llevo aquí, entre los de arriba y los de abajo, han pasado seis parejas distintas y por desgracia cada incorporación nueva ha significado más ruido que la anterior. Ahora mismo me encuentro como relleno de un sándwich de voces. Los de abajo son tres, una pareja y un niño de cuatro años, pero en cuestión de ruidos son como la Gran Familia y uno más. Los de arriba son solo dos, pero tienen la fea costumbre de hablarse a voces. Anoche trajeron amigos para tomar cervezas, intuyo que tomaban muchas por la cantidad de veces que iban al cuarto de baño. A las dos de la mañana era como estar durmiendo bajo las cataratas del Niágara. La cisterna no paraba, y que trajín de sillas, de risas, de gritos. Afortunadamente no es todos los días, pero a diario si suelo enterarme de sus cosas, por ejemplo antes de ayer ella le contaba a él que se ha apuntado a la carrera de ponle freno. Pues muy bien.
Para ser periodista, la verdad es que no soy nada cotilla. Solo me interesa lo que se puede contar a los demás, lo que no se puede contar, no lo quiero oír. Así que a veces tengo que salir de mi propio cuarto de baño y volver más tarde, para no saber más de lo que sé. Nuestros baños tienen unas rejillas de ventilación que son como vasos comunicantes. Allí te enteras de la vida de todo el mundo, de los de arriba, de los de abajo y de los de los lados ¡Bendita Suiza!

jueves, 6 de octubre de 2011

Gracias Steve

Cuando era pequeña tenía una cocina de juguete con un fregadero por el que no salía agua por más que girara el grifo; y una plancha que no calentaba por mucho tiempo que esperara a que se pusiera caliente. Ambas cosas me molestaban.
Cuando fui a la universidad, el mundo informático de mi entorno estaba en pañales. En casa teníamos el típico ordenador para que jugaran mis hermanos, y como no, la máquina de escribir para presentar trabajos.
Mientras estudiaba, en los veranos hacía prácticas en la SER en Zamora. Allí los ordenadores aún no habían llegado, utilizábamos máquinas de escribir súper ruidosas a las que poníamos en el rodillo dos calcos para hacer tres copias, una para el locutor, otra para el técnico de sonido y otra para el archivo. Parece que hablo de la época de mi abuela, pero no, de esto no hace tantos años.
Cuando empecé a trabajar, digamos que de una forma seria, con nómina y un contrato en prácticas de aquellos de Felipe González, se utilizaba un Word Perfect diseñado para marcianos con un lenguaje absurdo que a mí me parecía ridículo, afortunadamente esto duró poquísimo. En 1991 Steve Jobs entró en mi vida con el mundo Apple. Macintosh era lo que yo necesitaba. Por fin salía agua por el fregadero de una cocina de juguete. Aquel primer Mac que cayó en mis manos me hizo interesarme por la tecnología, era intuitivo, fácil de utilizar, era perfecto, iba como la seda. Desde ese momento su creador fue para mí un genio. Aquella dicha me duró tres años, lo que duró el contrato de prácticas, por desgracia entramos en la crisis del 94 y perdí el trabajo y el Mac. En el siguiente sitio ya no tuve tanta suerte, estos eran de PCs, menos mal que para esa época Bill Gate ya se había espabilado bastante y estaba appelizando el PC. Intenté varias veces que me compraran uno, pero sin éxito, así que aquí estoy escribiendo desde un PC, pero recordando a Steve Jobs como el mayor genio contemporáneo que me hizo la vida más fácil y creativa.
Adiós Steve y gracias por lo que nos has dejado.