Empiezo un viernes cualquiera de trabajo, pero no de una forma cualquiera. No estoy en Madrid, estoy en Barcelona. Así que todo es diferente. Quedo con mis compañeros catalanes Eugenio y Aristóteles a las 8.30 h. para ir a desayunar al
Mercat de la Boquería. Toda una experiencia la verdad. Damos una vuelta por los coloridos puestos, y sin más, nos sentamos en el
Bar Pinotxo. Aris me presenta a Juanito, el dueño del Pinotxo, sí el de la foto, y pedimos. Mi padre siempre me dijo: "Donde quiera que fueres haz lo que vieres" y yo muy obediente, me dejo llevar por Aris. Lo del Pinotxo no es un desayuno corriente, es potente. Aris se pide una capipota (un guiso de cabeza de cerdo). Yo no me atrevo a tanto, pero lo pruebo claro. Riquísimo. Eugenio se decide por un platazo de judías blancas con chipirones. Venga yo también. Y pregunto:
- Bueno ¿con esto qué se bebe?.
Pues vamos a hacerlo bien.
- Tres copas de cava Juanito.
Pues sí, ahí estoy yo, desayunando un guiso con cava. Soy de buen comer así que hasta el final. Juanito, al que yo llamo Juan por falta de confianza, me cuenta que hace unos días estuvo allí Gallardón. El hace unos días fue hace más de un año, lo sé por la fecha del recorte de
El País que me enseña con la foto de Gallardón sentado en la barra como yo. Pero es que Juanito tiene mucho márketing y muchos años. Me despido con un beso al aire, como hace él (hay que tener en cuenta que yo había desayunado con cava) y me dice "Nena, cuando vayas a Madrid, di que soy tu hombre". Dicho está Juanito.
Después de trabajar un ratillo, ya se sabe que no todo puede ser fiesta, hago mi vida sola por Barcelona y dirijo mis pasos a la Fundación Miró. No podía perderme la exposición "La escalera de la evasión", la mayor retrospectiva de este pintor que se ha expuesto en España. Algunos cuadros me gustan mucho, como por ejemplo "Naturaleza muerta del zapato viejo" o la pintura-poema "Una estrella acaricia el pecho de una negra". Sin embargo, con otras obras suyas siento como si el artista me tomara el pelo. Me explico, igual que el que tiene poder puede cometer abuso de poder en determinadas circunstancias; el que tiene arte, como él, a veces comete abuso de arte. Es lo que siento al contemplar los cuadros "Pintura sobre fondo blanco para la celda de un solitario I, II y III". Son tres lienzos blancos enormes con una raya negra que los atraviesa. De acuerdo, la raya no está hecha de un solo trazo, sino con pinceladas sueltas que se unen; pero no deja de ser una línea. A propósito de esta obra él dice: "Para mí, conquistar la libertad es conquistar la sencillez. Entonces, al final, con una línea, con un color basta para hacer un cuadro". ¡Qué le vamos a hacer, yo no pienso lo mismo! A mí no me basta, pero me marcho muy satisfecha de la exposición, ha merecido la pena.

Salgo de allí y cojo el funicular para bajar del Montjuic al Paral.lel, camino hacia el puerto guiada por la enorme estatua de Colón, y encuentro unas terrazas que me recuerdan al Sea Port de Manhattan, así que me siento allí a tomar algo, como una guiri. He de confesar que Barcelona no es una ciudad en la que me mueva como pez en el agua, no la conozco demasiado bien, y me siento un poco extranjera, y no lo digo con acritud ni resquemor fruto de la rivalidad Madrid-Barcelona, simplemente creo que somos diferentes. De todas formas si un italiano de Milán y un italiano de Palermo, no tienen nada que ver y hablan el mismo idioma ¿porqué íbamos a parecernos nosotros que ni siquiera hablamos la misma lengua? Termino mis tapas y mi cervecita, me clavan 22 euros, pero me voy tan contenta porque los mejillones estaban ricos, hace un sol increíble, he tenido una vista maravillosa del mar y los barcos y un ambientazo de gente "guapa".
Ha llegado la hora, tengo que volver al aeropuerto. Como tengo mucha suerte me toca el taxista más interesante de Barcelona. Tiene un vehículo de siete plazas, así que le digo que voy sola, y que quizá sea mucho taxi para mí, que a lo mejor prefiere llevar a un grupo. Con cierta guasa andaluza me dice:
- Yo lo que prefiero es llevarla a usted ¿es que no le gusto yo? porque más guapo no lo va a encontrar, y a mí usted me ha gustado nada más verla.
Claro después de este discurso, me meto en el taxi ¡qué voy a hacer!
Por el camino me cuenta que tiene 64 años, natural de Jerez de la Frontera, aunque su familia es de toda la vida de San Fernando. Él no ha sido siempre taxista, es un hombre de mundo. Hijo de guardia civil, entró en el cuerpo por complacer a su padre, pero duró dos meses. Dejó el tricornio y se fue a Rota, con los americanos, se hizo mecánico de aviones y se fue a vivir a Seatle donde aprendió inglés. Doy fe de que hablaba un inglés fluido porque me relató en ese idioma una amplia conversación que acababa de tener con unos clientes de Arizona a los que haría un tour por Barcelona al día siguiente.
Después de unos años en América, le trasladaron a Alemania, donde conoció a su mujer, la alemana, como la llama él. Así que también aprendió alemán. De ahí se fue a Francia y aprendió francés, y de ahí a Sicilia, donde aprendió italiano. Ahora tiene dos hijas, tres nietos, su alemana, una casa en Tarragona y una barca mallorquina que se acaba de comprar y que está siendo la alegría de sus ratos libres. Sale a pescar con sus nietos que han aprendido como yo, con sus explicaciones, las mejores técnicas para la pesca del pulpo. Las técnicas no las contaré aquí para no alargar más este relato, para no desvelar secretos, y porque además no son muy legales, aunque él no tiene ningún problema. Si es necesario, saca su carné de guardia civil, que conserva de aquellos dos meses que estuvo en el cuerpo, y todo solucionado. Bueno, yo he llegado al puente aéreo y me despido de Barcelona y de vosotros hasta el próximo post.
NOTA: Me han preguntado si la foto de Juanito es actual, y sí, lo es, se la hice yo con mi teléfono.